¿Cómo atravesar grandes momentos de estrés?

Hay momentos en que parece que los problemas se acumulan todos juntos: una enfermedad, una separación, dificultades económicas, presión laboral, conflictos familiares o varias decisiones importantes que no pueden seguir esperando.

En esas etapas, decirle a alguien “tranquilizate” sirve más o menos lo mismo que decirle “dormite” cuando tiene insomnio. (es decir, es contraproducente).

El estrés y la ansiedad no desaparecen porque entendamos racionalmente que deberíamos estar tranquilos.

El estrés es una respuesta del organismo ante una situación que percibe como amenazante, incierta o superior a nuestros recursos actuales.

Puede producir tensión muscular, irritabilidad, preocupación constante, dificultades para dormir, problemas digestivos, aceleración cardíaca y menor capacidad para concentrarnos o tomar decisiones.

Estoicos, muchos siglos antes de que existiera la psicología moderna, ya habían identificado una idea útil: parte del sufrimiento surge cuando intentamos controlar aquello que no depende de nosotros. Pero reconocerlo no alcanza. En los momentos verdaderamente difíciles también necesitamos herramientas concretas.

Este artículo no busca eliminar mágicamente el estrés. Busca algo más realista: atravesarlo sin agregar sufrimiento innecesario y sin destruirnos en el proceso.

En pocas palabras

Cuando atravesás un período de mucho estrés:

  1. Regulá primero el cuerpo (biológicamente).
  2. No intentes resolver toda tu vida de una vez.
  3. Separá lo controlable de lo que no depende de vos.
  4. Reducí temporalmente tus exigencias.
  5. Mantené una rutina mínima.
  6. Pedí ayuda antes de llegar al límite.

1. Entendé que tu cuerpo no está fallando

El estrés no es necesariamente una enfermedad. Es un mecanismo de adaptación.

Cuando detectamos una amenaza, el organismo redistribuye sus recursos: aumenta la activación, dirige la atención hacia el peligro y se prepara para responder. El problema aparece cuando esa respuesta permanece encendida durante demasiado tiempo o se activa frente a situaciones que no podemos resolver inmediatamente.

Por eso, durante una crisis, podés sentir que pensás peor, que estás más irritable o que cualquier dificultad parece enorme. No significa que hayas perdido tus capacidades. Significa que tu sistema está temporalmente sobrecargado.

Una frase que puede ayudar es:

“Mi cuerpo está respondiendo a una situación difícil. No necesito resolver todo en este estado.”

Comprenderlo no elimina el malestar, pero evita sumar una segunda preocupación: asustarnos por estar estresados.


2. No tomes grandes decisiones en el pico de activación

Cuando estamos muy alterados, solemos sentir una necesidad urgente de hacer algo: terminar una relación, renunciar, discutir, mandar un mensaje impulsivo o imaginar todas las consecuencias posibles.

Pero sentir urgencia no significa que la situación realmente requiera una respuesta inmediata.

Antes de actuar, preguntate:

  • ¿Esto necesita resolverse hoy?
  • ¿Qué sucede si espero unas horas?
  • ¿Estoy decidiendo o solamente intentando dejar de sentir ansiedad?
  • ¿Pensaría igual después de dormir y hablarlo con alguien?

Salvo que exista una emergencia real, probablemente puedas darte un poco de tiempo. Primero bajá algunos puntos la activación. Después decidí.


3. Volvé al presente antes de discutir con tu mente

En momentos de estrés, la mente tiende a viajar hacia adelante:

“¿Y si esto empeora?”
“¿Y si no puedo resolverlo?”
“¿Y si pierdo todo?”
“¿Y si nunca vuelvo a estar bien?”

El problema es que el cerebro responde emocionalmente a esos escenarios imaginados como si estuvieran ocurriendo ahora.

Una herramienta sencilla es el anclaje al presente:

  • Mirá a tu alrededor y nombrá cinco cosas que ves.
  • Sentí el contacto de los pies con el suelo.
  • Identificá tres sonidos.
  • Prestá atención a la temperatura del ambiente.
  • Preguntate: “¿Qué está ocurriendo concretamente en este momento?”

No se trata de negar el problema. Se trata de distinguir entre lo que está pasando ahora y todo lo que tu mente proyecta sobre el futuro.

El anclaje, la aceptación de las emociones y la separación respecto de pensamientos difíciles forman parte de las técnicas prácticas recomendadas por la Organización Mundial de la Salud (2020) para afrontar situaciones estresantes.


4. Usá la respiración, pero sin convertirla en magia

La respiración lenta puede ayudar a reducir moderadamente la activación y las emociones negativas. La evidencia es prometedora, aunque no significa que respirar unos minutos vaya a resolver el problema que originó el estrés. Es probar este ejercicio:

  1. Inhalá suavemente durante cuatro segundos.
  2. Exhalá durante cinco o seis segundos.
  3. No llenes los pulmones al máximo.
  4. Repetilo durante tres a cinco minutos.

La respiración debe sentirse cómoda. Si te mareás o aumenta tu incomodidad, volvé a respirar normalmente.

La finalidad no es alcanzar una calma perfecta. Es reducir la intensidad lo suficiente como para recuperar un poco de perspectiva.


5. Dividí el problema en tres categorías

Una de las principales fuentes de estrés es percibir el problema como una masa enorme e indivisible. Probá escribir tres columnas:

Lo que puedo hacer hoy

Acciones concretas y pequeñas: pedir un turno, enviar un mensaje, ordenar información, cancelar una actividad, preparar una conversación.

Lo que podré resolver más adelante

Decisiones importantes que requieren tiempo, información o la participación de otras personas.

Lo que no depende de mí

La reacción de los demás, el resultado definitivo, el pasado, ciertas enfermedades, el comportamiento del mercado o acontecimientos externos.

Esto no significa resignarse. Significa dejar de gastar energía en acciones mentalmente repetitivas que no modifican la situación.

Cuando termines, elegí una sola acción de la primera columna. No cinco. Una.


6. Aplicá una rutina mínima viable

En una crisis no siempre podemos mantener nuestra rutina ideal. Pero abandonar completamente el cuidado personal suele empeorar el malestar. Lo que me sirvió personalmente para reducir el estrés, además de la terapia psicológica, es diseñar un sistema de vida inteligente para estar biológicamente lo más óptimo posible.

Intenta establecer una versión mínima de tu día:

  • Comer comida nutritivo y liviana.
  • Dormir y levantarte en horarios relativamente iguales.
  • Caminar (aunque sea 30 minutos).
  • Bañarte y cambiarte.
  • Tomar algo de luz natural.
  • Cumplir una o dos tareas importantes.
  • Mantener contacto con otras personas (conexión social).

El movimiento, el descanso adecuado y el apoyo social son recursos consistentemente asociados con un mejor manejo del estrés.

Esos días, el objetivo no es rendir al máximo. Es evitar que el caos externo desarme también todas tus bases internas.


7. Reducí la carga, no solamente tu reacción

A veces intentamos combatir el estrés agregando más obligaciones:

  • Meditar perfectamente.
  • Entrenar como siempre.
  • Seguir produciendo al mismo ritmo.
  • Resolver todos los problemas.
  • No mostrar ninguna vulnerabilidad.

Pero no todo se soluciona aprendiendo a tolerar más.

También puede ser necesario:

  • Postergar compromisos secundarios.
  • Delegar tareas.
  • Decir que no.
  • Silenciar temporalmente notificaciones.
  • Alejarte de discusiones innecesarias.
  • Pedir unos días de menor exigencia.
  • Aceptar que durante un tiempo vas a rendir menos.

Regular el estrés no siempre significa fortalecerte para soportar la misma carga. A veces significa sacar peso de la mochila.


8. No conviertas la preocupación en una actividad de tiempo completo

Pensar en un problema puede ayudarnos a resolverlo. Darle vueltas durante diez horas, generalmente no.

Una técnica práctica consiste en reservar un momento del día para pensar en aquello que te preocupa. Por ejemplo, veinte minutos por la tarde.

Durante ese tiempo podés escribir:

  • Qué me preocupa.
  • Qué evidencia tengo.
  • Qué parte estoy imaginando.
  • Qué acción concreta puedo realizar.
  • Cuándo volveré a revisar el tema.

Cuando la preocupación aparezca fuera de ese horario, anotala y recordate:

“No necesito resolver esto ahora. Ya tengo un momento para ocuparme.”

No siempre funciona inmediatamente. Pero ayuda a que el problema tenga un lugar dentro del día, en vez de ocuparlo por completo.


9. Pedí ayuda de manera específica

“Necesito ayuda” puede ser difícil de decir y también difícil de interpretar para los demás.

Podés ser más concreto:

  • “Necesito que me escuches diez minutos.”
  • “¿Podés acompañarme a hacer este trámite?”
  • “Necesito tu opinión, pero no que decidas por mí.”
  • “Hoy no estoy bien. ¿Podemos vernos?”
  • “Necesito que te ocupes de esta tarea durante unos días.”

Hablar no elimina automáticamente el problema, pero reduce el aislamiento y puede ayudarnos a recuperar perspectiva. El apoyo social funciona como un recurso protector frente a situaciones difíciles, aunque no reemplaza el tratamiento profesional cuando el malestar es intenso o persistente. necesitás contarle todo a todo el mundo. Alcanzan una o dos personas confiables.


10. Evitá las soluciones que alivian hoy y empeoran mañana

Cuando el cuerpo está sobrepasado, busca alivio rápido. Por eso podemos terminar recurriendo a:

  • Alcohol en exceso.
  • Consumo compulsivo de comida.
  • Apuestas o compras impulsivas.
  • Horas interminables de redes sociales.
  • Automedicación.
  • Evitar por completo aquello que nos genera miedo.
  • Trabajar sin descanso para no pensar.

Estas conductas pueden reducir momentáneamente la incomodidad, pero no resuelven la causa raíz y pueden generar problemas nuevos.

El aumento del consumo de alcohol, tabaco u otras sustancias también puede ser una señal de que el estrés está superando nuestros recursos habituales. pregunta útil no es solamente “¿esto me calma?”, sino:

“¿Cómo me va a dejar mañana?”


11. Un protocolo para los días especialmente difíciles

Cuando sientas que todo te supera, podés seguir este orden:

Primeros cinco minutos

  • No tomes decisiones importantes.
  • Apoyá los pies en el suelo.
  • Mirá a tu alrededor.
  • Respirar lento y sin forzar.

Siguientes diez minutos

  • Escribí qué está pasando.
  • Separá hechos de predicciones.
  • Elegí una única acción posible.

Durante la siguiente hora

  • Comé algo si no lo hiciste.
  • Tomá agua.
  • Caminá o cambiá de ambiente.
  • Contactá a una persona de confianza.

Durante el resto del día

  • Reducí expectativas.
  • Evitá discusiones innecesarias.
  • No busques resolver cada escenario futuro.
  • Priorizá descanso y estabilidad.

No es un protocolo para “sentirte bien” de inmediato. Es un protocolo para no empeorar el momento mientras recuperás recursos.


12. ¿Cuándo conviene buscar ayuda psicológica?

El autocuidado puede ser suficiente para atravesar un episodio puntual. Pero si el malestar se vuelve permanente, pedir ayuda profesional es una decisión razonable, no una señal de debilidad.

Conviene consultar con un psicólogo o profesional de salud mental cuando:

  • El estrés se mantiene durante semanas o meses, sobre todo sin una situación puntual que lo amerite.
  • Está afectando tu sueño, trabajo, estudio o relaciones.
  • Sentís que no podés desconectarte nunca.
  • Dejaste de disfrutar actividades que antes disfrutabas.
  • Evitás cada vez más situaciones.
  • Tenés ataques de pánico frecuentes.
  • Consumís alcohol, medicamentos u otras sustancias para soportarlo.
  • Las estrategias que probaste no están funcionando.
  • Sentís que el problema está ocupando casi toda tu vida.
  • Notas que tenes comportamientos muy diferentes a la media, o que tus síntomas pueden ser producto de una patología psicológica concreta.

Los servicios de salud recomiendan buscar ayuda cuando resulta difícil afrontar el estrés, las estrategias personales no alcanzan o el malestar interfiere con la vida cotidiana.

No obstante, no conviene atribuir automáticamente al estrés síntomas físicos nuevos, intensos o persistentes. Ante dolor fuerte en el pecho, desmayos, dificultad respiratoria significativa u otros síntomas preocupantes, corresponde realizar una consulta médica.


Conclusión: atravesar, no controlar perfectamente

Durante un gran momento de estrés, probablemente no puedas sentirte completamente tranquilo. Y quizá ni siquiera sea razonable exigírtelo.

El objetivo es más modesto y, a la vez, más útil: mantener algunas bases, reducir la carga, actuar sobre lo controlable y permitir que el proceso tenga su tiempo.

No todo malestar debe desaparecer inmediatamente. Algunas situaciones necesitan ser resueltas; otras, aceptadas; y otras, atravesadas con ayuda.

Pedir apoyo psicológico cuando el estrés se vuelve permanente no significa que fracasaste en manejarlo. Significa que reconociste que ya no tenés por qué manejarlo solo.

¿Qué herramienta te ayuda a recuperar estabilidad cuando sentís que todo ocurre al mismo tiempo?


Bibliografía utilizada

  • Epicteto. Enquiridión.
  • Fincham, G. W., et al. (2023). Effect of breathwork on stress and mental health: A meta-analysis of randomised-controlled trials. Scientific Reports, 13, 432.
  • National Health Service. (2021). Get help with stress.
  • Organización Mundial de la Salud. (2020). En tiempos de estrés, haz lo que importa: una guía ilustrada.
  • Shao, R., et al. (2024). The effect of slow-paced breathing on cardiovascular and emotion functions: A meta-analysis and systematic review. Mindfulness.
  • American Psychological Association. 11 healthy ways to handle life’s stressors.

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