¿Es mejor disfrutar el presente o pensar en el futuro?

Introducción

Muchas veces escuchamos frases como: “hay que vivir el presente” o “hay que pensar en el futuro”, como si fueran caminos opuestos. Pero en realidad, esta división es falsa. La vida no es un péndulo que oscila entre un extremo y otro, sino una danza entre ambos tiempos.

No obstante, como analicé en el artículo de tiempo, es muy probable que todo esté conectado.


Consumir o ahorrar: ¿y por qué no las dos cosas?

El dilema clásico es: ¿gastar en el viaje de hoy o guardar para la jubliación? ¿invertir dinero en una empresa ahora, o gastarla en restaurantes, ropa y disfrute presente?

Todo el tiempo nos enfrentamos a estas decisiones. El problema es pensar que son excluyentes. Consumir nos da experiencias inmediatas, mientras que ahorrar e invertir nos dan seguridad y libertad futura.

El secreto está en no caer en el extremo, e ir mediando ambas aristas de la vida.


La inversión como puente entre tiempos

Invertir es, en cierto modo, darle un voto de confianza al futuro sin dejar de disfrutar el presente. No es “renunciar”, es transformar parte del placer inmediato en la promesa de un placer mayor o más estable después.

Comprar una acción, un departamento, o incluso aprender una habilidad, es plantar semillas que luego se multiplican.


Herencia y continuidad: pensar más allá de uno

El disfrute no siempre termina en nosotros. Así como transmitimos el ADN a nuestros hijos, también podemos transmitir mejores condiciones materiales, culturales o emocionales. No se trata solo de “sacrificio”, sino de dejar huellas.

Como expliqué en el artículo de herencia, estamos condicionados en cierta parte por casi todo lo que heredamos (país donde nacimos, salud, condiciones socioeconómicas, cultura).

Si tus padres cuidaron de su salud y cuidaron sus finanzas, posiblemente ahora vos estes disfrutando los frutos de ese cuidado, porque te lo heredaron. Lo mismo podes hacer de cara al futuro, si decidis tener hijos.


Libertad de tiempo: ahora vs después

Hay muchas personas que creen que si no disfrutan en su juventud, no van a poder disfrutar nunca más. Es cierto que muchas actividades y hobbies, tienen un período de tiempo en el cual es recomendable hacerlas, como por ejemplo hacer un deporte extremo, salir a bailar, etc. Pero salvando esto, la mayoría de actividades recreativas pueden hacerse mientras tengas buena salud.

A los 25 años podés hacer un viaje en carpa al Machu Picchu, pero quizás a los 65 lo disfrutes en un hotel cómodo. Ambas experiencias tienen valor, pero no son intercambiables. La verdadera libertad está en diseñar una vida donde el tiempo libre no sea un lujo aislado, sino parte del flujo vital.


Un poco de psicología

Acá entra la psicología: solemos sobrevalorar el placer presente porque lo tenemos “a mano”, y considerar al futuro algo que nunca llegará porque aún está muy lejos.

En diversos estudios, se ha encontrado que vemos a nuestro yo futuro como un «desconocido», como si no fuera nosotros mismos en el futuro. Si consideramos que nuestro yo futuro es otra persona, probablemente lo cuidemos menos en el presente.

Al margen de debates más filosóficos sobre que es la identidad, podemos utilizar y entender esto para cuidar más a nuestro yo presente.


¿Se disfruta igual la vida a los 60 que a los 20?

No es lo mismo, pero eso no significa que sea peor. Teniendo en cuenta que el estilo de vida depende de cada país, cada individuo y cada cultura, por lo general:

  • Entre los 10 y 20 predomina la intensidad, la exploración, el cuerpo lleno de energía.
  • Entre los 20 y 30 se redoblan los esfuerzos por prosperar a nivel económico, así como para estudiar una carrera universitaria; al mismo tiempo que se disfruta el tiempo saliendo con amigos/as.
  • Entre los 40 y 60 llega una edad compleja, donde se juntan todas las principales áreas de la vida con múltiples desafíos.
  • Mientras que a partir de los 60 aparece la perspectiva, la calma, y muchas veces la sabiduría de saber qué realmente vale la pena.

Muchos estudios de felicidad muestran que la curva tiene forma de U. Es decir, la felicidad es muy alta a medida que vamos creciendo en la niñez y adolescencia (hasta llegar a estancarse y comenzar a decrecer alrededor de los 20 años). Llega a su nivel más bajo a los 45 o 50. Y posterior a eso, vuelve a crecer hasta que se mantiene la vitalidad y una buena salud.

Por lo tanto, la pregunta correcta no es si se disfruta “igual”, sino si uno logra darle sentido a cada etapa, superando los desafíos de cada una, y disfrutando las cosas buenas.


La complementariedad invisible

Vivir el presente sin pensar en el futuro puede llevar a un vacío. Pensar solo en el futuro puede llevar a una vida sin sabor.

Como analicé en el artículo de la felicidad, los griegos distinguían entre felicidad eudaumónica y hedónica. La felicidad eudaimónica está más ligada al futuro, a esforzarse por cumplir objetivos. Mientras que la felicidad hedónica radica más en el presente, en disfrutar el momento.

El disfrute real es el que integra ambas:

  • Un café y una rica comida hoy, y ahorrar un poco todos los dias para esa casa del futuro.
  • Un viaje espontáneo y una inversión a largo plazo.
  • Una fiesta de sábado, y el domingo planificar tu plan de jubilación.
  • Estudiar un poco todos los días, y darte un gusto viendo una buena película por la noche.

El arte del balance

Quizás la clave esté en pensar en porcentajes, no en absolutos.

¿Qué pasa si destinamos un 70% de nuestra energía a vivir hoy y un 30% a preparar el mañana? ¿O al revés, según la etapa de la vida?

La armonía cambia con los años, pero el principio sigue siendo el mismo: Equilibrio.


Conclusión

La vida no nos pide elegir entre hoy o mañana, nos pide aprender a equilibrar ambos. El presente es la semilla, el futuro es la cosecha. Sin uno, el otro no existe.

Y vos… ¿sentís que vivís más pendiente del presente, o que tu mente está demasiado atrapada en el futuro?

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