Introducción
Un pintor termina una obra. Una científica formula una teoría. Una pareja tiene un hijo. Un grupo de personas funda una empresa. En todos esos casos decimos que algo fue creado.
Pero, si miramos con suficiente detalle, nada parece haber aparecido desde una ausencia absoluta. La pintura ya estaba en los tubos, las palabras existían antes del poema, las células proceden de otras células y hasta la idea más original utiliza recuerdos, conceptos y conexiones adquiridas previamente.
Entonces, ¿crear es solo cambiar de lugar piezas antiguas?
La pregunta parece sencilla, pero en realidad mezcla varios problemas. No es lo mismo preguntar si puede surgir materia de la nada, si una organización puede adquirir propiedades nuevas o si una persona puede producir una idea que nadie había pensado. La palabra “creación” se usa en niveles diferentes y, cuando los confundimos, terminamos exigiéndole al arte que cree partículas o suponiendo que la física puede decidir por sí sola si un poema es verdaderamente original.
La respuesta suele ser intermedia: no tenemos evidencia de que los seres humanos creen realidad física desde la nada, pero sí podemos producir configuraciones, funciones y significados que antes no existían. Crear suele implicar transformar y combinar, aunque no se reduce a mover piezas como si el resultado fuera irrelevante.
Una pregunta que viene desde la filosofía antigua
Parménides formuló una de las versiones más radicales del problema. Si el no-ser no es, razonaba, tampoco puede convertirse en ser. Nada podría comenzar a existir en sentido absoluto, porque tendría que provenir de algo que no existe. Llevada hasta el final, esta lógica vuelve sospechoso al cambio mismo: lo que percibimos como nacimiento, movimiento y destrucción no podría alterar la realidad fundamental.
Aristóteles intentó explicar el cambio sin aceptar que algo surgiera simplemente de la nada. Su distinción entre potencia y acto permitía pensar que una cosa podía llegar a ser algo que todavía no era, siempre que existieran una materia, unas condiciones y unas capacidades previas.
Estas posiciones siguen vivas, aunque usemos otro vocabulario. Cuando decimos que una obra estaba “en potencia” en sus materiales, nos acercamos a Aristóteles. Cuando afirmamos que nada realmente nuevo puede aparecer porque todo procede de causas anteriores, recuperamos algo de Parménides.
Sin embargo, ambas intuiciones dejan abierta la pregunta más interesante: si el futuro depende de lo anterior, ¿eso vuelve irreal toda novedad?
¿Qué significa realmente crear?
Antes de responder, conviene separar cuatro sentidos:
- Creación absoluta: aparición de ser, materia o realidad a partir de una nada total.
- Transformación física: cambio de estado, movimiento o interacción de componentes existentes.
- Emergencia organizacional: aparición de propiedades o funciones nuevas cuando los componentes se relacionan de determinada manera.
- Creación humana: producción intencional de una obra, una herramienta, una explicación, una institución o un significado que no existía de esa forma.
La ciencia puede estudiar los tres últimos. El primero es mucho más difícil, porque una “nada absoluta” no sería un espacio vacío, un campo cuántico ni un estado sin partículas. No tendría leyes, tiempo, posibilidades ni propiedades observables. Por definición, tampoco podríamos acceder experimentalmente a ella como accedemos a un objeto físico.
El rol de la física
La materia no se conserva como una sustancia indivisible. En física de partículas pueden crearse y aniquilarse partículas, siempre respetando las leyes y cantidades conservadas pertinentes. Una partícula y su antipartícula pueden transformarse en radiación; a la inversa, suficiente energía puede dar lugar a nuevas partículas. Lo que permanece no es necesariamente “la misma materia”.
La conservación de la energía funciona con enorme precisión en sistemas para los que puede definirse adecuadamente. Además, el teorema de Noether relaciona las leyes de conservación con simetrías: en términos simplificados, la conservación de la energía está conectada con que las leyes no cambien a lo largo del tiempo.
Pero la relatividad general complica la afirmación de que existe una cantidad total de energía del universo que permanece siempre idéntica. La energía y el momento se conservan localmente, mientras que en ciertos espacios-tiempo dinámicos —como un universo en expansión— no siempre existe una definición única y global de energía total (Carroll, 2004).
Esto no significa que “la energía aparezca mágicamente” ni que las leyes físicas dejen de funcionar. Significa que no debemos trasladar sin más una regla válida para una caja aislada al universo entero.
Encender una vela sigue siendo una transformación: energía química pasa a calor, luz y otros productos. Cocinar modifica enlaces, estructuras y distribuciones de energía. Pero de estos ejemplos cotidianos no podemos deducir una metafísica completa sobre el origen de toda la realidad.
El Big Bang no es una teoría de creación desde la nada
Otro error frecuente consiste en imaginar el Big Bang como una explosión ocurrida dentro de un espacio vacío, en la que “todo” apareció de repente.
El modelo cosmológico estándar describe que el universo observable atravesó hace unos 13.800 millones de años una fase extremadamente caliente y densa y que el espacio se expandió y se enfrió. La radiación cósmica de fondo, la expansión y la abundancia de elementos ligeros respaldan fuertemente ese relato general (Planck Collaboration, 2020).
Pero el modelo no demuestra que antes hubiera una nada absoluta. Cuando extrapolamos nuestras ecuaciones hacia condiciones cada vez más extremas, llega un punto en que la relatividad general deja de ser suficiente y necesitaríamos una teoría comprobada de gravedad cuántica. No sabemos si existió un “antes”, si el tiempo comenzó allí, si hubo una fase previa o si la propia pregunta pierde sentido en ese límite.
Por eso conviene distinguir:
- El Big Bang como evolución temprana del universo: muy bien respaldado en su núcleo observable.
- El Big Bang como comienzo absoluto del espacio, el tiempo y toda realidad: cuestión todavía abierta.
- El universo creado desde una nada metafísica: interpretación filosófica o teológica, no resultado del modelo cosmológico actual.
La ciencia puede reconstruir una parte extraordinariamente temprana de la historia cósmica. Todavía no puede decir por qué existe algo en vez de nada.
Reordenar no significa producir más de lo mismo
Imaginemos letras dispersas sobre una mesa. Con las mismas letras podemos formar una lista de compras, un contrato o un poema. La cantidad de tinta quizá sea casi idéntica, pero la organización modifica lo que el conjunto puede hacer.
Esto ocurre en todos los niveles. Dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno poseen propiedades diferentes de una molécula de agua. Una neurona no recuerda una infancia; una red de neuronas, dentro de un organismo que aprende, puede hacerlo. Una persona aislada no forma un mercado, una universidad o una democracia; muchas personas coordinadas pueden generar instituciones con reglas, memoria y poder.
En 1972, el físico Philip Anderson resumió esta ruptura entre niveles con una frase célebre: “más es diferente”. Conocer las leyes que gobiernan los componentes no vuelve inútiles a las ciencias que estudian sus organizaciones. Cada nivel puede presentar regularidades, problemas y conceptos propios (Anderson, 1972).
Eso es lo que llamamos emergencia: determinadas interacciones producen propiedades del conjunto que no aparecen en los componentes tomados por separado. No es necesario suponer una fuerza sobrenatural. Tampoco implica que las leyes físicas hayan sido violadas.
Una propiedad emergente puede depender por completo de una base física y, al mismo tiempo, ser genuinamente nueva en otro nivel. La liquidez no flota fuera de las moléculas, pero una molécula aislada no es líquida. La vida depende de química, aunque “estar vivo” describa una organización capaz de mantener metabolismo, regulación, reproducción y evolución.
Por eso la alternativa correcta no es “creación o reordenación”. Muchas veces es creación mediante reordenación.
La evolución no solo copia: explora posibilidades
La vida posee continuidad. Todo organismo conocido procede de procesos anteriores y utiliza materiales disponibles en su ambiente. La evolución trabaja mediante variación heredable, reproducción diferencial, deriva, recombinación y restricciones históricas. No diseña desde cero con un plano previo.
Sin embargo, describirla únicamente como una editora que reutiliza piezas antiguas también puede ocultar la novedad. Cambios acumulados pueden originar nuevas secuencias, estructuras, comportamientos y relaciones ecológicas. Una pluma pudo adquirir funciones de vuelo sobre estructuras que antes cumplían otras tareas. Una mutación no crea átomos, pero puede alterar una proteína, y esa alteración puede abrir posibilidades que no existían para ese linaje.
La evolución tampoco “progresa” obligatoriamente hacia organismos más complejos. Produce soluciones locales bajo condiciones cambiantes. A veces aumenta la complejidad; otras veces la reduce. Un parásito puede perder capacidades que ya no necesita y volverse, precisamente por eso, más adecuado a su ambiente.
La novedad biológica no es una creación absoluta. Es innovación histórica: aparece porque un proceso ciego explora, conserva y combina variaciones durante enormes escalas de tiempo.
¿Qué hace el cerebro cuando crea?
Un escritor no inventa el idioma, pero puede escribir una frase que jamás había sido pronunciada. Un músico no crea las frecuencias sonoras, pero puede construir una secuencia reconocible como nueva. La dependencia de materiales previos no elimina la autoría.
La creatividad humana suele requerir dos movimientos complementarios:
- Generar asociaciones, posibilidades y combinaciones.
- Evaluarlas, corregirlas y elegir cuáles sirven para un objetivo.
La idea importante es que crear no equivale a combinar al azar. Si mezcláramos palabras sin criterio, obtendríamos una cantidad inmensa de secuencias nuevas y casi ninguna sería un buen poema. La creatividad incorpora restricciones, sensibilidad al contexto, evaluación y propósito.
Podríamos expresarlo así:
Novedad sin selección es ruido. Selección sin novedad es repetición. La creatividad aparece cuando una mente genera posibilidades y reconoce cuáles merecen tomar forma.
¿Cuándo una reorganización merece llamarse creación?
No toda transformación es creativa. Mover una taza unos centímetros cambia la configuración física del universo, pero normalmente no decimos que hemos creado algo. La palabra adquiere sentido cuando aparece al menos alguna de estas características:
- Novedad: la configuración no existía antes de esa forma relevante.
- Función: el sistema puede hacer algo que sus componentes aislados no podían hacer.
- Restricción: entre muchas posibilidades se seleccionó una organización coherente.
- Valor o significado: la configuración importa para alguien o dentro de una práctica.
- Efecto causal: lo producido modifica lo que puede ocurrir después.
Una melodía cumple estos criterios aunque sus notas sean antiguas. Una ley crea una institución aunque esté escrita con palabras comunes. Una teoría científica crea un modelo y, si describe bien la realidad, también descubre relaciones que no dependen enteramente de su autor.
Esto permite distinguir originalidad absoluta de originalidad suficiente. Quizás ninguna obra humana carezca por completo de antecedentes. Pero no necesitamos ese estándar imposible.
Algo puede ser nuevo porque reorganiza la herencia de una manera no realizada antes y abre un espacio de posibilidades posteriores.
La novedad es real, aunque tenga causas
A veces suponemos que, si pudiéramos explicar completamente cómo apareció algo, dejaría de ser novedoso. Pero “tener una causa” y “haber existido previamente” no significan lo mismo.
Un árbol tiene causas, pero no estaba físicamente escondido dentro de la semilla. Una sinfonía tiene antecedentes, pero no estaba escrita en las neuronas de su compositor desde el nacimiento. Las condiciones previas delimitan lo posible; el proceso histórico determina cuál de esas posibilidades llega a realizarse.
Incluso en un universo completamente determinista —si lo fuera— podrían existir novedades desde la perspectiva de los niveles superiores y de los observadores internos. El futuro podría estar fijado por el estado anterior y, aun así, contener estructuras que todavía no existen en un momento dado. “Predecible en principio”, “determinado” y “ya existente” son afirmaciones diferentes.
La emergencia fuerte —la idea de propiedades absolutamente irreductibles con nuevos poderes fundamentales— continúa en debate filosófico. Pero una emergencia más moderada es difícil de negar: para comprender células, cerebros, economías o culturas necesitamos estudiar organizaciones, historias e interacciones, no solamente enumerar partículas.
Crear en la vida cotidiana
Esta idea también modifica cómo entendemos nuestra propia vida.
Nadie empieza completamente de cero. Cuando cambiamos de trabajo, ciudad, relación o hábito llevamos con nosotros un cuerpo, una memoria, recursos, heridas, capacidades y vínculos anteriores. El nuevo comienzo siempre utiliza materiales heredados.
Pero eso no lo vuelve falso. Reorganizar horarios puede cambiar una identidad. Una conversación puede modificar una relación. Una práctica repetida puede transformar lo que una persona es capaz de hacer. No se crea otro universo, pero sí una trayectoria que antes no estaba ocurriendo.
La libertad humana, en este marco, no necesita significar ausencia de causas. Puede entenderse como la capacidad limitada de representar posibilidades, compararlas, actuar según razones y modificar parcialmente las condiciones futuras. No elegimos los materiales iniciales, aunque participamos en algunas de sus configuraciones posteriores.
Crear es aceptar simultáneamente dos verdades: dependemos de lo recibido y no estamos obligados a repetirlo de la misma manera.
Conclusión
¿Todo es creación o reordenación? La mejor respuesta es que la pregunta, planteada así, obliga a elegir entre dos opciones que muchas veces ocurren juntas.
En el nivel físico, los procesos observados transforman estados anteriores bajo ciertas regularidades. La materia no es una sustancia eternamente idéntica y la conservación global de la energía no puede formularse de manera simple para todo el universo. Aun así, la ciencia no ha observado una creación absoluta desde una nada metafísica.
En los niveles biológico, mental y social, la reorganización puede producir auténtica novedad. Cuando una configuración adquiere propiedades, funciones, efectos o significados que antes no existían, tenemos buenas razones para hablar de creación. No porque hayan aparecido átomos sin causa, sino porque el orden de las relaciones modifica lo que el conjunto es capaz de hacer.
Una obra de arte no necesita inventar colores para ser nueva. Una teoría no necesita crear el universo que explica. Una vida no necesita borrar su pasado para cambiar de dirección.
Quizás crear sea precisamente eso: recibir un mundo que no elegimos, descubrir dentro de sus límites posibilidades todavía no realizadas y convertir alguna de ellas en una forma capaz de cambiar lo que venga después.
Cuadro de síntesis
| Nivel | Síntesis |
|---|---|
| Validado empíricamente | Los procesos físicos observados parten de estados anteriores y obedecen regularidades. Los sistemas pueden adquirir propiedades colectivas y los seres humanos producen combinaciones nuevas mediante procesos cerebrales distribuidos. |
| Respaldado, con matices | La energía y el momento se conservan localmente en relatividad general; no siempre existe una definición única de energía total para un universo dinámico. Los sistemas abiertos pueden generar organización local mientras aumentan la entropía total de su entorno. |
| En investigación científica | Cómo emergieron las primeras formas de vida, cómo se produce exactamente una idea creativa y qué teoría describe las condiciones físicas más tempranas del universo. |
| En debate filosófico | Si puede existir creación absoluta, si la emergencia es completamente reducible, si las matemáticas se inventan o se descubren y qué significa “novedad” en un universo determinista. |
| No demostrado | Que el Big Bang haya sido una creación desde la nada; que la cantidad total de energía del universo sea una magnitud simple y necesariamente conservada; que toda creatividad sea solo recombinación aleatoria; que la evolución avance inevitablemente hacia mayor complejidad. |
| Interpretación de Meditaciones Modernas | Crear es hacer emerger, dentro de restricciones previas, una organización con nuevas propiedades, funciones o significados. |
Resumen visual del artículo

Bibliografía y referencias
- Anderson, P. W. (1972). More is different: Broken symmetry and the nature of the hierarchical structure of science. Science, 177(4047), 393–396. https://doi.org/10.1126/science.177.4047.393
- Carroll, S. M. (2004). Spacetime and geometry: An introduction to general relativity. Addison-Wesley.
- Horsten, L. (2022). Philosophy of mathematics. En E. N. Zalta (Ed.), The Stanford Encyclopedia of Philosophy. https://plato.stanford.edu/entries/philosophy-mathematics/
- Planck Collaboration. (2020). Planck 2018 results. VI. Cosmological parameters. Astronomy & Astrophysics, 641, A6. https://doi.org/10.1051/0004-6361/201833910
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