¿Y si todo el progreso humano solo buscara reducir el sufrimiento?

Una intuición incómoda

Cuando miramos la historia humana solemos hablar de avance, desarrollo y progreso, como si existiera una flecha clara apuntando hacia algo mejor. Más tecnología, más conocimiento, más riqueza, más control sobre la naturaleza.

Pero si uno corre el velo épico y mira más de cerca, aparece una pregunta incómoda:

¿Y si una parte enorme de ese esfuerzo —milenios de ensayo y error— hubiera consistido, simplemente, en intentar sufrir un poco menos?

No conquistar el universo. No alcanzar una felicidad perfecta. Algo más modesto y humano: no morir de frío, no perder un hijo por una infección, no depender por completo de una cosecha, no soportar un dolor que podría tratarse.

La intuición tiene fuerza, pero necesita un límite desde el comienzo. No inventamos cosas por una única razón. Muchas innovaciones surgieron para evitar dolor, escasez, esfuerzo o incertidumbre; otras nacieron de la curiosidad, el juego, la competencia, el prestigio, el poder o el placer de comprender. La psicología distingue, justamente, entre actividades orientadas hacia resultados externos y aquellas que realizamos porque nos interesan en sí mismas (Ryan & Deci, 2000).

Por eso conviene separar dos preguntas: ¿por qué innovamos? y ¿qué convierte a una innovación en verdadero progreso? La reducción del sufrimiento no explica toda la historia, pero puede ser uno de los mejores criterios para evaluarla.


Qué entendemos por progreso y sufrimiento

No todo cambio es progreso. Una sociedad puede aumentar su capacidad técnica y utilizarla para curar enfermedades o para vigilar y destruir con mayor eficiencia. El conocimiento, la riqueza y el poder amplían lo que podemos hacer, pero no determinan qué deberíamos hacer con esa capacidad.

Tampoco todo malestar debería eliminarse. Entrenar, estudiar, criar a un hijo, sostener un vínculo o defender una causa pueden implicar esfuerzo, frustración e incluso dolor. Muchas personas los aceptan porque forman parte de algo valioso.

El problema es, sobre todo, el sufrimiento involuntario, evitable, destructivo o impuesto sin justificación suficiente: hambre, violencia, enfermedad tratable, explotación, miedo permanente o privación de oportunidades básicas.

Amartya Sen propuso entender el desarrollo no solo como crecimiento económico, sino como ampliación de las libertades y capacidades reales de las personas: poder alimentarse, educarse, participar, decidir y construir una vida que tengan razones para valorar (Sen, 1999). Sufrir menos importa, pero también importa qué podemos hacer con la vida una vez que ese sufrimiento disminuye.


Los primeros humanos buscaban soluciones, no “progreso”

Los primeros seres humanos enfrentaban problemas concretos: conseguir alimento, conservar calor, protegerse, cuidar a sus hijos y adaptarse a ambientes cambiantes.

El fuego fue un avance cultural, pero para quienes aprendieron a controlarlo significó algo inmediato: calor, protección y alimentos procesados. Las herramientas aumentaron la capacidad de cortar, cazar, transportar y construir. La cooperación permitió resolver problemas que un individuo aislado no podía afrontar.

Es razonable interpretar buena parte de esas innovaciones como reducción de riesgos y esfuerzos. Pero no conocemos las motivaciones concretas de quienes las produjeron. También pudieron intervenir la curiosidad, la imitación, el prestigio o la competencia entre grupos.

La supervivencia y la reproducción explican muchas presiones de fondo. No equivalen, sin embargo, a un objetivo consciente ni explican por sí solas cada creación humana.


Filosofía: sufrir menos o vivir mejor

La reducción del sufrimiento atraviesa muchas tradiciones filosóficas. En la filosofía oriental, el budismo colocó el dukkha en el centro de su diagnóstico de la existencia; mientras que en la filosofía occidental, Epicuro buscó disminuir el dolor y el miedo para alcanzar tranquilidad; y los estoicos intentaron reducir la perturbación distinguiendo lo que depende de nosotros de lo que no.

Siglos después, Jeremy Bentham convirtió el placer y el dolor en criterios explícitos para evaluar acciones e instituciones según sus consecuencias sobre los seres afectados (Bentham, 1789/2007). Otras corrientes, en cambio, insistieron en que vivir bien no consiste solamente en sufrir menos. Aristóteles habló del desarrollo de capacidades y virtudes; Nietzsche vio cierto sufrimiento como parte posible de la creación y la transformación.

La tensión sigue abierta: ¿una buena vida es una vida tranquila o una vida realizada? Probablemente necesite algo de ambas. La ausencia de sufrimiento extremo permite actuar; la autonomía, los vínculos, el desafío y el sentido dan dirección a esa libertad.


Ciencia, técnica e instituciones: comprender para intervenir

La ciencia no nació solamente del miedo a no entender. Su historia combina curiosidad, necesidades prácticas, navegación, agricultura, medicina, comercio y competencia. Algunas investigaciones buscaban resolver problemas inmediatos; otras no tenían una utilidad visible cuando comenzaron. Sin embargo, incluso un descubrimiento motivado por curiosidad puede terminar reduciendo sufrimiento décadas después.

Comprender los microorganismos hizo posible prevenir infecciones. Entender la electricidad permitió iluminar ciudades y conservar alimentos. La ciencia no elimina el azar, pero transforma algunas amenazas incomprensibles en problemas que podemos anticipar, tratar o evitar.

Algo parecido ocurre con las instituciones. Las leyes pueden proteger derechos y reemplazar parte de la venganza privada por procedimientos públicos. Los Estados pueden sostener salud, educación e infraestructura. Pero también se formaron mediante guerras, conquistas y extracción de recursos. La misma estructura capaz de organizar una campaña de vacunación puede organizar persecuciones.


¿El progreso redujo realmente el sufrimiento?

En varias dimensiones, la respuesta es claramente afirmativa.

La cantidad anual de muertes de menores de cinco años cayó de 12,8 millones en 1990 a 4,8 millones en 2023, mientras la tasa mundial descendió un 59 %. El avance se desaceleró y continúa siendo muy desigual, pero millones de muertes tempranas son evitadas gracias a nutrición, vacunas, saneamiento y atención médica (Organización Mundial de la Salud, 2026).

Como analicé en el artículo sobre la pobreza; la pobreza extrema también disminuyó de manera sustancial. Con la línea internacional actual —3 dólares diarios medidos con paridad de poder adquisitivo de 2021—, la cantidad estimada de personas en esa situación pasó de alrededor de 2.300 millones en 1990 a 831 millones en 2025. La última cifra es una estimación, no un conteo directo, y el progreso se volvió más lento y desigual (Banco Mundial, 2025).

Estos datos no demuestran que la humanidad sea moralmente mejor ni que todas las personas vivan bien. Sí muestran que el conocimiento, la producción económica y determinadas instituciones pueden evitar enormes cantidades de muerte prematura, enfermedad y privación.

Como analicé en ¿Existe el progreso objetivo?, podemos medir avances respecto de objetivos concretos. Lo difícil es reunir todos sus beneficios y costos en una única medida.


El progreso material no elimina el sufrimiento mental

Hoy muchas personas viven con comodidades y tratamientos que no estaban disponibles ni para los individuos más poderosos de otros siglos. Ese es uno de los motivos por los que vivir en el siglo XXI puede considerarse un privilegio histórico.

Y, aun así, siguen existiendo ansiedad, depresión, soledad y vacío. Eso no significa que, cuando deja de doler el cuerpo, empieza a doler la mente. El duelo, el miedo y la desesperación existieron en sociedades mucho más precarias. Tampoco podemos comparar limpiamente su frecuencia entre épocas porque cambiaron los diagnósticos, los registros y la disposición a hablar de salud mental.

El bienestar material y el psicológico están relacionados, pero no son equivalentes. En Estados Unidos, una colaboración entre investigadores que antes habían llegado a resultados distintos encontró que el bienestar emocional tendía a aumentar con el ingreso incluso por encima de umbrales populares como 75.000 dólares anuales; el aplanamiento aparecía principalmente en el grupo menos feliz de la muestra (Killingsworth et al., 2023). Como estudio observacional, no prueba que el dinero cause por sí solo felicidad ni permite establecer una fórmula universal. Para ahondar más sobre la relación del dinero y la felicidad, podes leer este artículo.

Una rama del progreso también se volvió interna. La psicoterapia, la psiquiatría, la medicina preventiva, la meditación y la neurociencia no funcionan del mismo modo ni persiguen serenidad permanente. En general, intentan reducir síntomas, recuperar funciones y ampliar la capacidad de vivir según objetivos valiosos.

La comodidad resuelve problemas reales. Simplemente no resuelve todos.


Progreso, ¿para quién y a costa de quién?

Una innovación puede aliviar a un grupo mientras traslada sus costos hacia otro.

La industrialización multiplicó la producción y el acceso a bienes, pero también generó contaminación y contribuyó al cambio climático. La ganadería intensiva hizo accesibles ciertos alimentos a costa del confinamiento y sacrificio de enormes cantidades de animales. Las plataformas digitales facilitaron la comunicación, mientras sus modelos de negocio aprendieron a competir por nuestra atención.

Por eso no alcanza con preguntar cuánto sufrimiento reduce una innovación. También debemos preguntar qué daño crea, quién recibe sus beneficios, quién paga sus costos y si esos costos se trasladan hacia otras poblaciones, otras especies o el futuro.

El progreso no siempre elimina el sufrimiento: muchas veces lo redistribuye en el espacio y el tiempo. El artículo sobre especismo y ética animal amplía una de estas fronteras morales.


¿Tranquilidad o satisfacción?

Reducir sufrimiento no garantiza satisfacción. Podés no tener hambre y sentir vacío. Podés estar sano y no saber qué hacer con tu vida. Pero también podés esforzarte, frustrarte o atravesar dolor y sentir que lo vivido tiene sentido.

Una existencia valiosa no se mide solamente por la ausencia de sensaciones desagradables. Las personas aceptan disciplina e incertidumbre cuando forman parte de vínculos, proyectos o convicciones importantes. La felicidad parece combinar bienestar, satisfacción, afecto, sentido y valoración de la propia vida.

El desafío no consiste en anestesiar la existencia, sino en reducir el sufrimiento evitable sin eliminar la autonomía, el desafío y los proyectos que hacen que una vida merezca ser vivida.


Una hipótesis más sobria

Quizás gran parte de la historia humana pueda leerse como un intento persistente de hacer la existencia más llevadera. El fuego redujo el frío; la agricultura transformó el riesgo alimentario; la medicina enfrentó la enfermedad; las leyes limitaron algunas formas de violencia; y la psicología intentó comprender el dolor que no desaparece con la comodidad.

Pero el progreso también nació de la curiosidad, la ambición, el poder, el juego y la competencia. Algunas innovaciones redujeron sufrimientos; otras los multiplicaron o los desplazaron fuera de nuestra vista.

La reducción del sufrimiento funciona mejor, entonces, como criterio ético que como explicación causal de toda la historia. Podemos hablar de progreso moral cuando un cambio reduce daños involuntarios y evitables, amplía capacidades y no descarga costos injustificados sobre otros.


Conclusión

Los datos sobre mortalidad infantil y pobreza muestran que el progreso produjo mejoras reales. Negarlo sería tan equivocado como imaginar que el avance es automático o que beneficia a todos por igual.

El progreso no consiste simplemente en tener más poder. Consiste en aprender a usarlo para reducir daños evitables, ampliar la autonomía y permitir que más seres desarrollen vidas valiosas.

No una existencia perfecta. No eterna. Tampoco completamente libre de dolor.

Solo una existencia más vivible, más justa y menos cruel.

Y tal vez eso no sea poco.

La pregunta que queda abierta es esta:

¿Cómo podemos reducir el sufrimiento evitable sin trasladarlo hacia otras personas, otras especies o el futuro, y sin vaciar la vida de autonomía, desafío y sentido?


Cuadro de síntesis de evidencia

NivelSíntesis
Comprobado empíricamenteLa medicina, el saneamiento, la producción económica y determinadas instituciones contribuyeron a reducir el sufrimiento por la mortalidad infantil, la pobreza extrema, las enfermedades y otras privaciones.
Respaldado parcialmenteMuchas tecnologías resuelven problemas de esfuerzo, riesgo o incertidumbre, pero las motivaciones humanas son múltiples.
Debate históricoNo existe una causa única para el surgimiento de la ciencia, los Estados o las innovaciones técnicas.
Debate filosóficoNo está resuelto si una buena vida debería minimizar el sufrimiento o desarrollar capacidades, virtudes, autonomía y sentido.
Riesgo del progresoUna innovación puede beneficiar a ciertos grupos mientras externaliza daños hacia otras poblaciones, animales o generaciones futuras.
Interpretación de Meditaciones ModernasHay progreso moral cuando una sociedad reduce sufrimientos involuntarios y evitables, amplía capacidades y evita trasladar costos injustificados hacia otros.

Bibliografía y referencias

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